ori and the will of the wisp
Muchachos, hoy les vengo a hablar de un juego que fácilmente entra en la conversación de las mejores aventuras modernas. Hablo de Ori and the Will of the Wisps, una secuela que no solo mantuvo la calidad del primer juego, sino que en muchos aspectos la superó. Es de esos títulos que entran por los ojos desde el primer minuto, pero se quedan por lo bien que se juegan.
El juego fue desarrollado por Moon Studios y llegó como continuación de Ori and the Blind Forest. El primer Ori ya era muy querido por su arte, música y movimiento preciso, así que la secuela tenía expectativas bastante altas. Por suerte, no solo cumplió, sino que terminó ganándose todavía más respeto.
La historia continúa con Ori y sus amigos después de los eventos del primer juego. Sin entrar en spoilers fuertes, todo arranca con una separación inesperada que obliga a Ori a viajar por una nueva tierra llamada Niwen. Desde ahí comienza una aventura llena de criaturas nuevas, zonas peligrosas y momentos bastante emotivos.
Algo que siempre caracterizó a la saga Ori es contar historias sencillas pero efectivas. No necesita diálogos interminables ni escenas exageradas para hacerte sentir algo. Usa música, animación y momentos bien construidos para conectar con el jugador. Y sí, si eres de los que se mete en las historias, varios momentos pegan bastante.
Pero donde este juego brilla de verdad es en la jugabilidad. Ori and the Will of the Wisps es un metroidvania, lo que significa que exploras un mapa grande lleno de caminos bloqueados que vas abriendo conforme consigues nuevas habilidades. La gracia está en regresar a zonas viejas con poderes nuevos y descubrir rutas que antes parecían imposibles.
Moverse con Ori se siente excelente. Saltar, correr, deslizarte por paredes, planear, impulsarte y encadenar movimientos termina siendo casi una danza. Hay juegos donde desplazarte es simplemente ir de un lado a otro. Aquí moverte ya es divertido por sí solo. Conforme desbloqueas habilidades, todo se vuelve todavía mejor.
El combate también mejoró muchísimo respecto al primer juego. Ahora tienes ataques más directos, armas espirituales, mejoras y más opciones para enfrentar enemigos. Ya no se siente solo como esquivar y golpear básico. Puedes adaptar tu estilo según lo que prefieras.
Uno de los puntos más fuertes son sus escenarios. Hay bosques brillantes, pantanos peligrosos, ruinas antiguas y zonas donde todo cambia visualmente de manera impresionante. Cada área tiene identidad propia y siempre dan ganas de seguir viendo qué viene después.
Comparado con Hollow Knight, ambos son excelentes metroidvania modernos, pero con enfoques distintos. Hollow Knight es más oscuro, desafiante y misterioso. Ori, en cambio, apuesta por movimiento fluido, emoción y un estilo visual más luminoso. Si Hollow Knight te reta, Ori te deslumbra.
También se le puede comparar con Rayman Legends por lo bueno que se siente moverse y por el diseño de plataformas, aunque Ori tiene una estructura más aventurera y menos de niveles separados.
En internet tuvo bastante impacto desde su lanzamiento. Mucha gente subía clips mostrando escapes intensos, zonas hermosas o cadenas de movimiento casi perfectas. También recibió muchísimos elogios por su apartado visual, porque sinceramente parece una película animada en varios momentos.
La música merece mención aparte. La banda sonora acompaña perfecto cada escena, ya sea en momentos tranquilos, peleas importantes o partes emotivas. Hay juegos donde la música pasa desapercibida; aquí es parte esencial de la experiencia.
Si apenas vas empezando, mi consejo principal es explorar sin prisa. No corras directo al objetivo siempre. Muchos secretos, mejoras de vida y recursos están escondidos en rincones que parecen simples decoración.
Otro consejo importante es practicar el movimiento. Algunas habilidades parecen normales al principio, pero cuando las combinas se abre muchísimo el juego. Saltar, dash, engancharte y redirigirte bien hace diferencia enorme.
También conviene probar distintos shards o mejoras pasivas. Algunas aumentan daño, otras facilitan exploración o mejoran defensa. Elegir bien según la zona ayuda bastante.
En cuanto a dificultad, no es un juego imposible, pero sí tiene momentos exigentes. Sobre todo en escapes o secciones de plataformas rápidas. Lo bueno es que casi siempre se siente justo, y cuando fallas normalmente sabes qué corregir.
Visualmente sigue viéndose increíble incluso en 2026. Su estilo artístico envejece mucho mejor que varios juegos realistas de la misma época. Eso pasa cuando un juego apuesta por dirección artística fuerte en lugar de solo gráficos pesados.
En resumen, Ori and the Will of the Wisps es una secuela hecha como deben hacerse las secuelas: toma lo bueno del original, mejora lo débil y expande todo con calidad. Tiene historia emotiva, movimiento excelente, combate mejorado y un mundo hermoso de explorar.
Si nunca lo jugaste y te gustan aventuras con plataformas, exploración y momentos que sí transmiten algo, esta es una recomendación facilísima. Y si ya lo terminaste, seguramente todavía recuerdas alguna zona donde te quedaste solo admirando el paisaje unos segundos.

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