DOOM Eternal
Muchachos, hoy les vengo a hablar de un juego que no viene a relajarte ni tantito, sino a ponerte en modo guerra desde el segundo uno. Hablo de DOOM Eternal, una locura total que toma la base de DOOM y la lleva al extremo en velocidad, agresividad y caos bien controlado. Aquí no hay pausas, no hay escondites cómodos… aquí avanzas o te hacen pedazos.
El juego fue desarrollado por id Software y publicado por Bethesda Softworks. Desde su anuncio quedó claro que no querían hacer simplemente “más de lo mismo”, sino empujar la fórmula a algo más técnico y exigente. Y vaya que lo lograron.
La historia sigue al Doom Slayer, básicamente una máquina de destruir demonios con patas. La Tierra está siendo invadida por fuerzas infernales y tú eres el único lo suficientemente loco (o preparado) para detenerlo. No es un juego que viva por su narrativa compleja, pero sí tiene más lore que antes y conecta con entregas anteriores de la saga.
Ahora, lo importante: la jugabilidad.
DOOM Eternal no es un shooter común. No puedes jugarlo como Call of Duty escondiéndote y disparando desde lejos. Aquí el juego te obliga a ser agresivo. Si te quedas quieto, mueres. Si no atacas, mueres. Si no te mueves, mueres.
Cada sistema está diseñado para mantenerte en constante movimiento. ¿Te falta vida? Glory kills. ¿Munición? motosierra. ¿Armadura? lanzallamas. Todo está conectado para empujarte hacia adelante.
Eso crea algo que muchos llaman el “combat loop perfecto”
Además, cada enemigo tiene una forma específica de ser derrotado de manera eficiente. No es solo disparar sin pensar. Hay demonios que requieren apuntar a partes concretas, usar armas específicas o reaccionar rápido a sus ataques.
Eso hace que el combate se sienta casi como un puzzle en tiempo real… pero con música heavy de fondo y explosiones por todos lados.
Comparado con DOOM, Eternal es mucho más técnico y rápido. Algunos prefieren la simplicidad del 2016, pero Eternal definitivamente ofrece más profundidad. Frente a Call of Duty, DOOM es mucho más arcade y agresivo, sin regeneración automática ni ayudas modernas.
El diseño de niveles también mejoró bastante. Hay más plataformas, saltos, zonas verticales y secciones donde te mueves casi como si fuera un juego de parkour mezclado con shooter.
Y sí, eso divide opiniones. Hay gente que ama ese ritmo loco y otros que prefieren algo más clásico. Pero nadie puede negar que DOOM Eternal tiene identidad propia.
Visualmente es brutal. Colores intensos, demonios grotescos, armas exageradas y escenarios que mezclan destrucción con estética infernal. No busca realismo… busca impacto.
La música es otro punto clave. La banda sonora acompaña perfectamente el caos, subiendo intensidad en combate y manteniendo presión constante. Es de esas que te hace jugar mejor solo por la energía que transmite.
En internet explotó fuerte. YouTube se llenó de clips de jugadas perfectas, gente dominando el juego en dificultades altas y retos absurdos sin recibir daño. También hubo debates sobre si era mejor que DOOM 2016 o no.
Y claro, como buen juego exigente, también generó muchos momentos de frustración… pero de la buena, de la que te hace intentar otra vez.
Si apenas vas empezando, mi consejo principal es moverte siempre. Literal, nunca te quedes quieto.
Otro tip importante es aprender qué hace cada arma y en qué situación usarla. Cambiar de arma rápido es clave.
También conviene usar todas tus herramientas. Si ignoras lanzallamas o motosierra, el juego se vuelve más difícil de lo necesario.
Y baja la dificultad si hace falta. DOOM Eternal no perdona al inicio.
En pleno 2026 sigue siendo uno de los shooters más intensos que puedes jugar. No depende de moda ni de multijugador; su campaña sigue siendo una experiencia brutal.
En resumen, DOOM Eternal es un juego que no busca gustarle a todos. Es agresivo, rápido y exigente. Pero si conectas con su ritmo, se vuelve una de las experiencias más satisfactorias del género.
Si quieres apagar el cerebro y disparar sin pensar, quizá no sea para ti. Pero si quieres sentirte como una máquina perfecta de destrucción moviéndote a toda velocidad… aquí tienes uno de los mejores ejemplos de cómo hacerlo bien.




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